Evaluaciones y recortes

Llegan tiempos de recortes. Se ha empezado por lo más fácil, el sueldo de los profesores, pero la tijera seguirá inmutable su curso: desdobles, optativas, programas educativos, etc. Las piezas por cobrar seguro que no faltan. Nuestro pasado como cazadores nos delata.

A mi también se me han ocurrido algunas ideas. En los últimos años nuestros alumnos sufren diversas y “aburridas” evaluaciones externas y medio internas. Pisa, evaluación censal (DGA), muestral (MEC) y alguna más que ya he olvidado. No sé lo que cuesta todo este tinglado –bueno, si lo sé, pero no quiero asustaros más-, las dudas son mayores en cuanto a su utilidad. Más allá del simple marketing, hasta ahora no veo que se hayan emprendido cambios en nuestro sistema como consecuencia de los resultados obtenidos.

En efecto, hay expertos que, tras una exhaustiva lectura de los correspondientes informes, acaban por decir cosas como éstas:

“Aviso 6. No caer en la desesperación (…) Hay muchas cosas cuya ineficacia no está aún totalmente demostrada, como ver menos televisión, pasar más tiempo con los padres, dar más prestigio a los profesores, aumentar la popularidad de los empollones o instruir deleitando. Y aunque no haya fórmulas simples y generales para alcanzar a Finlandia, siempre podemos hacer mejor lo que ya estamos haciendo”.

Así que después de tanta evaluación, y de tanto gasto, la conclusión para acercarnos al líder de los sistemas educativos, el finlandés, radica en hacer lo que ya hacemos, aunque un poquito mejor. Esto es lo que colige, al menos, Julio Carabaña, catedrático de Sociología de la Educación en la Universidad Complutense.

Y yo, pobre ingenuo, he pensado: ¿Para qué seguir invirtiendo en sucesivas evaluaciones? ¿Qué necesidad tenemos de incordiar a nuestro alumnado con pruebas tan largas y de espesa redacción?

Pues eso, a recortar. Menos evaluaciones y más espaciadas –y las imitaciones de Pisa, que se hagan también un poquito mejor-. Mientras tanto, sugiero un procedimiento mucho más económico para evaluar el sistema: averígüese cuántos alumnos tienen que recurrir a clases particulares o a una academia para aprender los contenidos escolares.

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Educar en la adolescencia

Jaume Funes es un psicólogo y periodista especializado en “adolescencias”. Su experiencia resulta muy interesante, ya que ha trabajado en diversas instituciones, tanto en la administración –Adjunto para la Infancia y la Adolescencia del Defensor del Pueblo de Cataluña- como a pie de obra, de orientador en un instituto de educación secundaria. Este año 2010 ha publicado un libro, Educar en la adolescencia, cuya lectura nos parece de gran interés para todos aquellos que nos relacionamos, de un modo u otro, con los adolescentes: padres y madres, tutores, profesores…

Funes afirma “que no existe un problema adolescente, sino problemas de los adultos con sus adolescentes”. Problemas de relación que exigen respuestas que vayan más allá de la trillada e ineficaz falta de entendimiento. Hay que cambiar la lente con la que miramos a los chicos, abrir bien los ojos, observar, escuchar y, sobre todo, entender. ¿Pero cómo que escuchar?, dirá alguno de vosotros, si no hay quien les saque una palabra. Pues bien, el psicólogo catalán nos ofrece un decálogo para preguntar a los adolescentes y obtener respuestas útiles.

Si formulamos cuestiones a nuestros hijos o alumnos con el fin de saber, la primera regla se escribe así: Esperar el momento. “Evitar preguntar cuando temen ser preguntados, ya que reaccionarán negativamente o darán una respuesta preparada. Es mucho más fácil que expliquen algo cuando no parece haber problemas en el horizonte (cuando creen olvidado el conflicto, por ejemplo)”.

Estas son las nueve máximas restantes. Eso sí, para obtener una descripción adecuada de cada una de ellas os aconsejamos que coloquéis el libro en la mochila de asuntos pendientes para el verano.

  • No hacer más de “dos” preguntas seguidas.
  • Explicar algo propio entre medio.
  • Deducir, aunque sea de forma incompleta.
  • Preguntar lo mismo, pero de otro sujeto, de otros miembros del grupo.
  • En algunos momentos ser francos y expresar nuestra preocupación.
  • No acusarlos.
  • ¡Dejarse engañar!
  • Esperar para conocer más.
  • Guardar la confidencialidad.