Emociones y acción

La vida, nos recuerda Ignacio Morgado en su libro Emociones e inteligencia social, no tiene sentido sin emociones. Nada nos hace sentir tan humanos, y tan dependientes, como las emociones.

El problema es que los sentimientos que genera la situación actual, esta lluvia gruesa y sucia que nos empapa cada día, son los que corresponden a emociones negativas, enfado, ira, asco, tristeza.

Y una vez que tales sentimientos, poderosos y negativos, nos invaden, resulta difícil contrarrestarlos, ya que ocupan casi todo el espacio de nuestra mente y consumen buena parte de nuestro tiempo.

Con emociones y sentimientos tan indeseables como los citados, la simple razón –insiste Morgado– no tiene capacidad para cambiar el modo en que vemos las cosas. Necesitamos otras emociones (sentimientos más fuertes) incompatibles con las que se quieren desterrar.

Se me ocurren algunas ideas para forjar emociones positivas, alegría y felicidad, por ejemplo, ideas que nos lleven a la acción solidaria -¿por qué no unirse a la Plataforma de afectados por la hipoteca?-, ideas que barran de nuestra mente la omnipresencia de la caradura y la corrupción -¿por qué no disfrutar durante un par de horas de la belleza en estado puro?

No, no quiero caer en la cursilería. Sólo quiero recomendaros una película, Deseando amar (In The Mood for Love), una historia de amor imposible, ¿o no?, dirigida por Wong Kar-wai e interpretada por Maggie Cheung y Tony Leung Chiu Wai (¡guau!). Un verdadero antídoto contra la mierda que nos rodea.