El espíritu del 45

Si todavía no has visto El espíritu del 45, date prisa en hacerlo: no creo que se  proyecte durante mucho tiempo en las salas de cine. El documental, dirigido por Ken Loach, nos cuenta cómo se construyó el Estado de bienestar en la Gran Bretaña, una vez finalizada la segunda guerra mundial. También nos ilustra sobre su desmantelamiento, en los años 80, con la llegada de Tatcher al poder. Justo lo que estamos padeciendo nosotros aquí, bien que en una versión bastante acelerada: no habíamos llegado a levantarlo del todo, cuando nuestros gobernantes se afanan en derribarlo.

La película puede verse como un homenaje a los héroes que pusieron en marcha, por ejemplo, el servicio público de salud. El laborismo británico, el socialismo democrático, personificado en tipos como Aneurin Bevan, el hombre que hizo posible la salud para todos. Pero también constituye un homenaje a las enfermeras, a los mineros y a todos aquellos ciudadanos que lucharon, hombro con hombro, por dejar atrás un pasado de desigualdad e injusticia social. Loach les da la palabra para que traigan al presente sus emocionados recuerdos, para que, tal vez, su experiencia proporcione el impulso necesario a los movimientos de cambio que están por venir. Afortunadamente, los villanos de la historia apenas cuentan con unos minutos, demoledores, eso sí, en el film del autor de obras como La cuadrilla o El viento que agita la cebada.

Una vez fuera de la sala, pasmado por el frío del aire desacondicionado, y todavía un poco tocado por los relatos que acababa de escuchar, me puse a pensar en quiénes podrían haber jugado el papel de héroes y villanos en el caso de que la película se hubiera rodado en estos lares (¿El espíritu de la transición?). Te lo aseguro: traté de ser positivo, quise centrarme en los primeros, me esforcé por seguir los consejos de Javier Cercas –la transición fue un éxito, viva la marca España y todo eso-, pero no hubo manera, las palabras del joven Nietzsche resonaban con fuerza creciente y anuladora en mi mente:

Los hombres se han hecho hoy tan fragmentados y complejos, que tienen que faltar a la honradez cuantas veces hablan, sientan afirmaciones y actúan a tenor de éstas.

 ¿A qué esperamos?