Alcohol y adolescentes

No sé si España es un país tan cutre como cree el autor de La ciudad de los prodigios,  pero el comportamiento de algunos de sus habitantes roza muchas veces la hipocresía, o cae de lleno en un buen número de contradicciones. Sirva de ejemplo lo que pasa con el consumo de alcohol. En efecto, droga de acceso fácil y casi universal, por un lado; droga que genera constantes campañas de prevención, por otro. No deberíamos extrañarnos, pues, de que un reciente artículo del diario El País sobre esta cuestión se haya titulado así: El hijo de “botellón”, los padres en la inopia.

 

Para salir de este agujero negro, nuestras queridas amigas del Equipo Municipal de Prevención de Adicciones, del Ayuntamiento de Zaragoza, han elaborado un folleto dirigido a los progenitores de los chicos y chicas de secundaria. El documento incluye una serie de pautas que se consideran de utilidad en la prevención del consumo excesivo de alcohol. ¡Suerte!

Educación socioemocional

Estamos de enhorabuena. El pasado 25 de marzo nos concedieron una de las ayudas económicas correspondientes a la convocatoria de Proyectos de Cooperación en materia de investigación entre Departamentos Universitarios y Equipos de Personal Docente de Institutos de Educación Secundaria (B.O.A., ORDEN de 1 de marzo de 2011).

Con este proyecto pretendemos enseñar a nuestros alumnos de 1º de E.S.O. un conjunto de habilidades sociales y emocionales que contribuyan a mejorar la convivencia, las relaciones sociales y la resolución de conflictos en el centro. Las destrezas que se están trabajando son las siguientes:

  • Habilidades emocionales personales o intrapersonales: constituidas por aquellas competencias socioemocionales propias de la persona y de su regulación interna. Entre ellas destacan las siguientes: 

Conciencia o conocimiento emocional, concebida como la habilidad de reconocer de forma consciente, entender y pensar acerca de nuestras propias emociones y valores. Cuando podemos identificar y describir nuestras creencias, valores, emociones y limitaciones emocionales somos más capaces de crear relaciones positivas con los demás.

Regulación o control emocional, entendida como la habilidad para manejar las propias emociones, tanto positivas como negativas, de forma apropiada. Supone tomar conciencia  de la relación entre emoción, cognición y comportamiento. Supone también la capacidad para generar sentimientos que faciliten el pensamiento.

  • Habilidades sociales, grupales o interpersonales: constituidas por aquellas competencias socioemocionales propias de la persona pero en relación con el entorno social y de su regulación externa.  Estas están formadas a su vez por:

Empatía, concebida como la habilidad de entender las emociones, creencias y valores ajenos. Cuando podemos entender, respetar y valorar las creencias, emociones y valores de los otros somos más efectivos creando relaciones positivas, trabajando con y aprendiendo de esas otras personas.

Comunicación y expresión emocional, entendida como la habilidad para comunicar nuestros valores, pensamientos y sentimientos de manera adecuada. Una comunicación eficaz y asertiva son claves para unas sanas interacciones interpersonales.

Habilidades sociales y de resolución de conflictos, esto es, destrezas dirigidas a construir y mantener relaciones sociales y solucionar problemas interpersonales. Estas capacidades implican poseer estrategias para formar y mantener relaciones, solucionar problemas y conflictos con otras personas.

  • Las técnicas de atención plena o mindfulness facilitan, a su vez, el mejor desarrollo de estas cinco habilidades desde dos perspectivas:

– Favorecen el desarrollo de las habilidades emocionales personales o intrapersonales. Lo hacen eliminando el malestar emocional causado por la multitarea, el zapping mental y la dispersión emocional.

– Facilitan el desarrollo de las habilidades sociales, grupales o interpersonales. Lo hacen mediante la reducción del tono de activación general del individuo y de la clase. Se crea así un nivel de relajación tanto personal como grupal que permite el mejor desarrollo de las sesiones y mejora el rendimiento y el aprendizaje.

Cuadernillos de orientación para 3º y 4º de E.S.O.

Mis colegas Eliseo Nuevo y Susana Morales han publicado, en TEA ediciones, unos excelentes cuadernillos de orientación académica y profesional para los alumnos de 3º y 4º de E.S.O.

En ellos he procurado incluir la información relativa a nuestra comunidad autónoma, de modo que os sirvan de ayuda en el proceso de toma de decisiones sobre vuestro inmediato futuro. En definitiva, se trata de que cada uno de vosotros pueda responder a la pregunta ¿Qué estudios son los que más me convienen? de la forma más sensata posible.

En estos enlaces podéis consultar los dos cuadernillos:

Para que la extensión de los folletos no fuera exagerada, he tenido que restringir un tanto sus contenidos. No encontrareis, por ejemplo, los centros concretos en los que se pueden cursar las diferentes opciones: programas de cualificación inicial, grados medios, etc. Estos detalles, así como el conjunto de la oferta educativa, aparecerán en breve plazo en La Carpeta, la revista editada por el Instituto Aragonés de la Juventud. De momento, os aconsejo que pinchéis en el número del año pasado. Un paseo por sus más de cien páginas es muy probable que acabe con cualquiera de vuestras dudas.

El profesor ideal

Sí, sí, ya sé que tendría que haber subido esta entrada bastante antes, pero el inicio del curso ha resultado más duro de lo esperado. El caso es que aquí os dejo las opiniones de mis alumnos sobre cómo debería ser “el profesor ideal”.

  • El profesor ideal es el que nos enseña  lo que el alumno quiere aprender y hace la clase más amena dentro de las posibilidades; que se vea que sabe de la asignatura y que tenga soltura a la hora de explicarla. También el que nos ayuda si tenemos alguna dificultad y nos motiva para sacar todo adelante. Nos gustaría tener un profesor intermedio, que no fuera ni muy duro ni uno que pase de todo y no nos enseñe prácticamente nada. Y que además premie el trabajo diario y el comportamiento del alumno y  que no solo se base en el resultado del examen. Lo que no nos gustaría es que hiciera diferencias entre los que son más inteligentes  que otros. El profesor deberá ayudar a las personas que necesiten más su ayuda pero sin dejar de lado al resto.
  • Un profesor es, para nosotros, aquel adulto que nos da clase, nos pone exámenes que nos agobian, y con el que nos pasamos la vida peleados porque no vemos justas las calificaciones en proporción a nuestro esfuerzo. Para nosotros el profesor ideal es aquel que nos ayuda en todo lo que puede, el que cuenta  con nosotros para hacer la clase más amena y así estar más atentos y con más ganas. Con el cual podamos hablar porque nos da confianza, el que te ayuda con las dudas sin perder los nervios, ni decir que eso lo tendríamos que entender y que no va a retrasar la clase por nuestras preguntas. Aquel que  no nos juzga y nos pone una etiqueta. Al que hay que respetar pero porque él se lo gana, no porque sea una obligación. Que respete nuestras opiniones aunque no las comparta, alguien con quien nos sintamos a gusto dando clase y sabiendo que podemos hablar y decir una burrada, y que no nos va a recriminar, alguien con quien poder reírnos aunque también tener unos limites y no confundirlo con un amigo. Saber que podemos contar con su comprensión en un mal día en el que no estemos para estar de buen humor y se nos escape alguna mala contestación. En total, alguien que cuando digamos ¿Qué toca? Nuestra contestación sea “tal asignatura” y no nos desagrade sino todo lo contrario, ya que estamos motivados y nos gusta el ambiente en la clase.
  • Tendría que ser un profesor al que le guste su trabajo y que  no esté amargado de dar clases. Que sepa enseñar bien y tenga interés en sus alumnos, que sepa cuando se puede estar de cachondeo y cuando estar serios y trabajando, que anime a los estudios y que sus clases sean dinámicas y entretenidas, pero que se aprenda bastante. También que trate a todos sus alumnos por igual, tanto a los que sacan buenas notas como a los que no y que no mande muchos deberes para casa. Que algunas veces haga sus clases con ayudas de vídeos explicativos o con Internet y que antes de los exámenes repase todo lo que entra resolviendo dudas y quitando algunos apartados si es mucho lo que va a entrar.
  • Tiene que ayudar a los alumnos dependiendo del ritmo de estudio de cada uno, sin tener que retrasar a todos los demás, intentando llevar un nivel adaptable para toda la clase. Las clases han de ser  más dinámicas, prácticas, de modo que todos los alumnos participen en clase. Nuestro profesor ideal no tiene que mezclar su vida personal con la profesional. Un punto que hemos dejado para el final y no por ello menos importante es el respeto que deben tener los profesores con nuestros pensamientos y las ideas de cada alumno sin tener que inculcarle su parecer de todas las cosas. Para nosotros un buen profesor tiene que saber sobre su asignatura por supuesto, pero más importante aún es saber explicarla a los alumnos. También creemos que es importante que le guste la educación para que nos sepa tratar correctamente. Pensamos también que tiene que tener un nivel de exigencia alto para que en próximos cursos vayas mejor en esa materia, aunque ese año lo pases mal.

Los adolescentes toman la palabra

En la última semana y media -más o menos- de clase, les he pedido a mis alumnos y alumnas de psicología de 1º de bachillerato que trabajaran en pequeños grupos sobre los siguientes temas:

  • Cómo se ven a sí mismos, de qué modo se describirían, qué piensan acerca de esas cuestiones que no suelen abordar con los adultos: sexo, botellón, etc.
  • Cuál es la visión que tienen de las relaciones con sus padres, qué tal se llevan con ellos…
  • Cómo tendría que ser su profesor o profesora ideal, qué ideas se les ocurren para mejorar la convivencia en el centro, etc.

Primero consideraron estos asuntos por parejas y luego los discutieron en grupos de cuatro componentes. Les insté, además, a que pusieran por escrito sus conclusiones para después hacerlas públicas en este blog. Lo cierto es que han trabajado con ganas y han generado escritos que merece la pena leer. Así que en ésta y en las próximas entradas voy a ir subiendo sus “papeles” tal como ellos me los entregaron, sin más cambio que alguna pequeña corrección ortográfica. Los organizaré por temas y en cada post trataré de incluir las opiniones de varios grupos.Y cuanto antes empecemos mejor: aquí os dejo lo que piensan sobre las relaciones entre chicos y chicas, sexo incluido.

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Los chicos

Son más lanzados y no le dan tantas vueltas a lo que sucederá después, no les importa mucho. Lo ven como un medio de obtener placer rápido y muy pocas veces tienen en cuenta los sentimientos que puede haber de por medio. Es un tema del que presumen (a veces en exceso). Para muchos de ellos el principal beneficio de una relación y lo primero que quieren sacar de ella es el sexo con el sexo opuesto. Buscan su propio placer y no cuentan con el de la pareja; mientras ellos consigan lo que quieren que más da que la pareja no se quede satisfecha. Aunque también les dan mucho miedo las comparaciones que puedan hacer las chicas, de ahí que muchas veces les guste ser el primero, para que no puedan compararlos, aunque esto también les pasa a las chicas. Una de las cualidades que tienen en cuenta para saber si una chica les gusta o no es su facilidad de excitación. Suelen dividir a las chicas en tres tipos, dependiendo de cómo se comportan respecto al sexo:

Facilonas. Aquellas de las que saben que pueden conseguir su propósito sin ninguna dificultad. Las ven como alguien a quien utilizar sin meter sentimientos por el medio; como mucho con ellas pueden llegar a una relación conocida como la de “follaamigos”.

Estrechas-normales. Las primeras son las que resultan muy difíciles de conseguir; a veces se convierten en un reto, a veces con tan sólo conseguirlas pierden el interés. Y a las normales las ven como a las chicas con las que tener algo serio. Pero como en todo hay excepciones.

Las chicas

Le dan mas importancia a la primera vez, a cómo será la persona con quien lo harán y si será la correcta. Aunque después de esa primera vez ya no le dan tanta importancia. Se ven a veces un poco utilizadas por el chico, porque éste casi siempre va a  lo que va. Aunque hay excepciones y chicas que no lo ven así, sino que lo consideran como un juego y una manera de pasarlo bien. No entienden por qué los chicos tienen que ser los que se aprovechan de las chicas pudiendo ellas también actuar así, y es así como algunas de ellas actúan, porque no todos los chicos juegan con las chicas, también hay chicas que juegan con los chicos. Las chicas también dividen a los chicos en diferentes grupos:

Chulitos de barrio. Los malotes de toda la vida. Toda chica se ve atraída por el típico macarra, que va detrás de todas, y todas van detrás de él. Aunque a veces no son lo que aparentan, porque cuando una chica les conoce en la intimidad puede que sean todo lo contrario. En otras ocasiones, sin embargo,  se confirma su fama y no tratan bien a la novia.

Buenazos. Aquellos que son buenos, tratan a las chicas como nadie y las consienten como quieren. El único problema es que a veces las chicas no saben lo que quieren y se cansan. Son los típicos chicos fáciles de manejar y los que suelen pasarlo mal en las relaciones.

Los grandes amigos. Todo amigo que está para ayudar a la chica y escuchar todas sus penas, pero al que nunca verá como algo más.

Los invisibles. Aquellos a los que las chicas ni miran, como mucho podrían llegar a ser amigos pero nunca nada más.

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Si hablamos de relaciones, siempre al final terminamos resumiéndolas en las cosas buenas y malas que nos han pasado en pareja; y sacamos dos conclusiones:

  • Cosas positivas: La emoción del principio hace que veamos las cosas de forma diferente, todo es felicidad, la alegría de tener alguien en quien pensar, con quien hablar y contar tus preocupaciones, los momentos compartidos con esa persona, y además cuando hay amor el tema sexual es más bonito y romántico.
  • Cosas negativas: Los malos entendidos, los celos y la falta de confianza, que es inevitable a veces, hacen que surjan enfrentamientos y rayadas, siempre se intenta cambiar de ambiente y de amigos por la persona a la que quieres, aunque al principio cueste… terminas acostumbrándote.


Educar en la adolescencia

Jaume Funes es un psicólogo y periodista especializado en “adolescencias”. Su experiencia resulta muy interesante, ya que ha trabajado en diversas instituciones, tanto en la administración –Adjunto para la Infancia y la Adolescencia del Defensor del Pueblo de Cataluña- como a pie de obra, de orientador en un instituto de educación secundaria. Este año 2010 ha publicado un libro, Educar en la adolescencia, cuya lectura nos parece de gran interés para todos aquellos que nos relacionamos, de un modo u otro, con los adolescentes: padres y madres, tutores, profesores…

Funes afirma “que no existe un problema adolescente, sino problemas de los adultos con sus adolescentes”. Problemas de relación que exigen respuestas que vayan más allá de la trillada e ineficaz falta de entendimiento. Hay que cambiar la lente con la que miramos a los chicos, abrir bien los ojos, observar, escuchar y, sobre todo, entender. ¿Pero cómo que escuchar?, dirá alguno de vosotros, si no hay quien les saque una palabra. Pues bien, el psicólogo catalán nos ofrece un decálogo para preguntar a los adolescentes y obtener respuestas útiles.

Si formulamos cuestiones a nuestros hijos o alumnos con el fin de saber, la primera regla se escribe así: Esperar el momento. “Evitar preguntar cuando temen ser preguntados, ya que reaccionarán negativamente o darán una respuesta preparada. Es mucho más fácil que expliquen algo cuando no parece haber problemas en el horizonte (cuando creen olvidado el conflicto, por ejemplo)”.

Estas son las nueve máximas restantes. Eso sí, para obtener una descripción adecuada de cada una de ellas os aconsejamos que coloquéis el libro en la mochila de asuntos pendientes para el verano.

  • No hacer más de “dos” preguntas seguidas.
  • Explicar algo propio entre medio.
  • Deducir, aunque sea de forma incompleta.
  • Preguntar lo mismo, pero de otro sujeto, de otros miembros del grupo.
  • En algunos momentos ser francos y expresar nuestra preocupación.
  • No acusarlos.
  • ¡Dejarse engañar!
  • Esperar para conocer más.
  • Guardar la confidencialidad.